Por Carlos Caro Aguilera, Project Manager del Grupo OTEC
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En los últimos días se ha instalado con fuerza el debate sobre la posible eliminación de la franquicia tributaria SENCE.
Como ocurre muchas veces cuando se discuten temas tributarios y de capacitación, han aparecido interpretaciones correctas, dudas legítimas y también algunas confusiones que es importante aclarar.
Antes de discutir si la franquicia debe mantenerse, reformarse o eliminarse, lo primero es entender qué es realmente, cómo funciona y qué no significa.
La franquicia tributaria SENCE es un incentivo que permite a las empresas contribuyentes de Primera Categoría descontar de sus impuestos parte de los gastos realizados en capacitación autorizada. En términos simples: una empresa capacita a sus trabajadores, paga esa capacitación, y luego puede imputar ese gasto como crédito tributario, dentro de ciertos límites establecidos por la ley.
Uno de los elementos más conocidos de este mecanismo es que el beneficio tiene un tope general equivalente al 1% de la planilla anual de remuneraciones imponibles de la empresa. Y aquí aparece una de las primeras confusiones: que el tope se calcule usando la planilla de remuneraciones no significa que el dinero salga del sueldo de los trabajadores.
La planilla es solo una base de cálculo. Sirve para determinar hasta cuánto puede usar la empresa como franquicia. No es una bolsa de dinero de los trabajadores ni un descuento aplicado a sus remuneraciones.
Pongamos un ejemplo simple.
Si una empresa tiene una planilla anual de remuneraciones imponibles de $1.000 millones, el 1% equivale a $10 millones. Eso significa que, si esa empresa realiza actividades de capacitación autorizadas por SENCE, podría descontar hasta $10 millones de sus impuestos, siempre que cumpla con los requisitos correspondientes.
Si la empresa gastó $15 millones en capacitación, no necesariamente podrá descontar los $15 millones completos. El límite, en este ejemplo, sería $10 millones. Si gastó $8 millones, entonces podría usar hasta esos $8 millones, porque está dentro del tope.
Lo importante es entender que la empresa es quien contrata, gestiona y paga la capacitación. El trabajador recibe el beneficio formativo, pero no es quien financia directamente la franquicia ni quien ve descontado ese monto de su sueldo.
Por eso, afirmar que esta franquicia “se paga con plata de los trabajadores” es una simplificación incorrecta. Lo correcto sería decir que el beneficio se calcula considerando la masa salarial de la empresa, pero se materializa como un descuento tributario para la empresa que invierte en capacitación.
También es importante distinguir entre el SENCE como institución y la franquicia tributaria como instrumento. La eventual eliminación de la franquicia no significa necesariamente eliminar el SENCE, ni tampoco implica que toda la capacitación laboral desaparezca de inmediato. Lo que sí ocurriría es que se modificaría o eliminaría uno de los principales mecanismos de financiamiento que por años ha sostenido una parte relevante de la capacitación en Chile.
Y ese punto es clave.
La franquicia tributaria no solo ha servido para financiar cursos. También ha dado origen a un ecosistema amplio compuesto por OTEC, OTIC, relatores, facilitadores, consultores, certificadoras, auditores, proveedores tecnológicos, equipos administrativos y programas asociados a becas laborales. Por lo tanto, cualquier cambio a este instrumento debe analizarse con seriedad, información y sentido de responsabilidad.
Esto no significa que el sistema sea perfecto. Como todo instrumento público-privado, puede y debe ser evaluado. Si existen malas prácticas, deben corregirse. Si hay cursos de bajo impacto, deben revisarse. Si el sistema requiere mayor focalización, medición de resultados o modernización, esa discusión es necesaria.
Pero una cosa es reformar un sistema para hacerlo más eficiente, y otra muy distinta es eliminarlo sin tener claridad sobre qué mecanismo lo reemplazará.
La discusión de fondo no debería partir desde consignas, sino desde preguntas concretas: ¿qué tipo de capacitación necesita hoy el país?, ¿cómo se financia?, ¿quiénes deben acceder a ella?, ¿cómo se mide su impacto?, ¿qué rol cumplen las empresas?, ¿qué pasa con los trabajadores?, ¿y qué ocurre con el ecosistema que se ha desarrollado alrededor de este instrumento?
Antes de tomar una posición definitiva sobre la eliminación de la franquicia tributaria SENCE, necesitamos comprender bien su funcionamiento. Solo así podremos tener un debate serio, informado y útil para el futuro de la capacitación laboral en Chile.
Porque la capacitación no es un gasto cualquiera. Es una inversión en productividad, empleabilidad y desarrollo de capital humano. Y si Chile quiere crecer, reconstruirse y mejorar sus oportunidades laborales, no puede darse el lujo de discutir estos temas a la ligera.